Estoy solo. En las zonas más altas de la montaña no hay nadie, aunque no pienso en ello. Mi mente circula por zonas de mi alma que no conocía. Creo que es por esto por lo que siempre queremos volver a estas cotas inhumanas.

(Iñaki Ochoa de Olza)

sábado, 4 de septiembre de 2010

LA DULERA DE MARBORÉ

Erase una vez una ancianita muy pobre que vivía en el barrio de arriba, en Esmores, vivía ella soleta y sin recursos sólo algunas perrillas  que se ganaba trabajosamente de llevar a pastar la dula, es decir las vacas del lugar que no subían al puerto. 
Había que verla con su palo de boj, sus albercas gastadas su eterno pañuelo negro sujetando su cabeza defendiéndola del aire y del sol, su alforja con un corrusco de pan y un trozo de queso que ella sé hacia cuando le regalaban algún cuenco de leche.
Aquella mañana se levanto temprano madrugo mas que de costumbre: las vacas apenas encontraban nada en el circo de Pineta y los prados de Lalarri ya los habían repasado otros rebaños. Había que subir hasta Marboré en busca de la jugosa hierba  que solo había en su tasca. Allí se quedaría unos días hasta que aflojase el calor, dormiría en la casa refugio bebería agua del arroyuelo y rezaría y cantaría. 
Aún no se había apagado la última estrella cuando emprendió camino. Ella iba feliz aunque sus cansados remos apenas la llevaban cuesta arriba y a veces tenia que agarrarse  al rabo de una vaca para que la remolcase. 
El sendero cada vez era mas empinado y por entre los pinos se veía allá abajo el valle con el rio espeso como una cinta de plata. Las vacas seguían su camino, azotando de cuando en cuando la cola para espantar las moscas y al tiempo hacían sonar los cencerros que colgaban de su cuello. Y por fin, las praderas de Marboré. ¡Hay señor, que cansada estaba! le dolía todo el cuerpo, los riñones, las piernas y con una sonrisa recordaba cuando de zagala había hecho cien veces el camino sin detenerse si no era para coger alguna baya silvestre. Ya estaba arriba. Respiró hondo cerrando los ojos. Y de repente al abrirlos creyó soñar, pues delante de ella había dos señores  ricamente vestidos que no sabia como habían llegado hasta allí. Uno de ellos él mas joven y hermoso la miraba con intenso cariño y le preguntaba: ¿Qué hace por usted por aquí siendo tan vieja...? Es que no tiene miedo a los lobos y las tormentas? No lo sé señor, ni me lo pregunto, tengo que ganarme la vida. Siempre lo he hecho y lo haré hasta que Dios quiera, es verdad que ya me canso mucho arreando a las vacas que son muy tozudas, pero aquí está la mejor hierba del mundo que renace todas las primaveras después de la nieve.  Como tenia mala cara le preguntó ¿desde cuando no come? El pan y el queso se me terminó ayer pero bebo agua del arroyo y leche de las vacas. Pues ahora vamos a matar un ternero y nos lo comemos. Imposible señor no son míos pero si ustedes tienen hambre yo les ordeñaré leche y buscaré fresas y chordons en el piñar de abajo. No se preocupe buena mujer y hágame caso. Cogieron un ternerillo, lo  mataron, encendieron una hoguera y lo pusieron a asar sobre la brasa. En medio de la pradera pusieron la piel.  La dulera comió como no se acordaba de bien, casi no se acordaba del sabor de la carne asada, ni se acordaba de que sin sus cuatro dientes  perdidos por la boca no la dejaban masticar, estaba contenta y hasta les canto a los señores aquel de
La Virgen de la Pineta                
tan alta y sola                
entre peñas y bosques                
como pastora........
También los señores disfrutaban de verla tan contenta y ella continuo                 
La Virgen de la Pineta                 
quiere zapatos                 
para los angelicos                 
que van descalzos. 
Los huesos dejadlos encima de la piel, no los tiren al suelo, dijo el señor mayor. Cuando terminaron de comer el señor joven, que era nuestro Señor, dió un puntapié a la piel, como por ensalmo, se empezaron cubrir de carne y nervios y los huesos del montón se empezaron a juntar como un rompecabezas y poco a poco el  ternero se puso en pie  y ya no estaba muerto. A la dulera le parecía que estaba soñando. No salía de su asombro.  Ahora va a hacer lo que yo le digo, dijo el Señor, no quiero que se canse tanto arreando al ganado.Coja la vaca de la esquila grande y todas la seguirán. Y añadió:     
" Así se hunda la plana de Marbore,                             
vacas vaques                      
escudillas y mortes                     
 la neu  que caiga                      
que no se vaya                      
nunca  mes.






(Andolz)

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